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El ocaso de Pervez Musharraf

Se dice que el poder político en el Pakistán tiene esta triple procedencia: Alá, el ejército y el apoyo de los Estados Unidos. De los tres, la cúpula del ejército es la que tiene los medios más claros para liberar el país de Pervez Musharraf, el uniformado Presidente del Pakistán, y ésa es la razón principal por la que no es probable que un pacto para compartir el poder con la ex Primera Ministra Benazir Bhutto ponga fin a la agitación política en el Pakistán.

Musharraf abrigaba la esperanza de prorrogar su presidencia sin ceder a la exigencia de la oposición de que renuncie a su posición militar y vuelva a nombrar a un rival civil para el cargo de Primer Ministro, pero pocos dirigentes internacionales afrontan tamaña diversidad de enemigos jurados en su país.

Desde que tomó el poder a raíz de un golpe militar en 1999, Musharraf ha sobrevivido a al menos tres graves intentos de asesinato. Su asociación antiterrorista con los Estados Unidos socavó fatalmente su alianza política con los conservadores religiosos del país antes incluso de que en julio su gobierno tomara por asalto la Mezquita Roja de Islamabad y matara a más de 100 personas. La amenaza de ataques terroristas dentro del país seguirá aumentando.

Musharraf tiene también muchos enemigos seculares. Su ira, enardecida en marzo cuando intentó sin éxito destituir al Presidente, de orientación independiente, del Tribunal Supremo, sigue siendo igual de intensa. El Tribunal resolvió recientemente que se debía permitir a Nawaz Sharif, a quien Musharraf derrocó hace ocho años, regresar del exilio.