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El efecto tsunami

La extraordinaria respuesta internacional a los tsunamis que devastaron el sur de Asia es un fenómeno político excepcional. Aunque todavía es muy pronto para predecir todos los efectos, algunas consecuencias positivas ya se han hecho evidentes, al igual que otras preocupantes y algunas cuyo impacto se desarrollará con el tiempo.

Una consecuencia útil es que los bajos niveles de asistencia de los países ricos hacia los menos afortunados han recibido mayor atención. Claramente el comentario de Jan Egeland, el funcionario de las Naciones Unidas encargado de la asistencia humanitaria, de que los países occidentales eran tacaños se hizo sentir, sobre todo en los Estados Unidos. En ese momento, la administración Bush apenas había prometido una miserable asistencia de 35 millones de dólares.

Si bien condenó el comentario de Egeland, Bush rápidamente multiplicó diez veces la ayuda prometida. Además, reclutó a los ex presidentes George Bush y Bill Clinton para que encabezaran un esfuerzo de recaudación de fondos privados.

Eso concuerda perfectamente con la respuesta habitual a las críticas del nivel de asistencia estadounidense: que la filantropía privada rebasa la asistencia oficial. Dependiendo de los fondos que se incluyan, eso es cierto, aunque los británicos, los holandeses, los alemanes, los franceses y otros europeos también son donantes generosos, a pesar de que no tienen los beneficios fiscales que fomentan la filantropía privada en los EU.