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El déficit de confianza global

NUEVA YORK – Siempre preocupados por los déficits fiscales, los responsables de las políticas de los países desarrollados siguen ignorando un déficit diferente aunque igualmente crítico: el déficit de confianza entre las economías avanzadas y emergentes cuando se trata de la gobernancia global.

Durante décadas, los representantes de los países desarrollados en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial utilizaron la condicionalidad de préstamos para impulsar reformas económicas -que muchas veces incluyeron medidas contenciosas de austeridad fiscal- en el llamado Tercer Mundo.  Mediante reformas pragmáticas y sostenidas, países como Brasil, China y la India revirtieron sus economías para lograr incrementos asombrosos en el crecimiento del PBI -de una tasa promedio anual de 3,5% en 1980-1994 a 5,5% desde entonces.

Sin embargo, si bien los países en desarrollo hoy representan más de la mitad del crecimiento del PBI global, los países avanzados todavía tienen que admitirlos en roles de liderazgo que reflejen su creciente influencia en la economía mundial.

El hecho de que el Congreso de Estados Unidos hasta ahora no haya podido ratificar el paquete de reformas del FMI acordado por los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G-20 en 2010 es la última fisura en la confianza -una fisura que hace que la promesa de una representación adecuada para las economías emergentes parezca un timo-. La renuencia o la incapacidad de Estados Unidos para ratificar el paquete -que incluye duplicar la cuota de financiamiento del FMI y asignar 6% del nuevo total, junto con dos direcciones, a los países en desarrollo- sin duda contribuyó a la decisión de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) de establecer su propio banco de desarrollo.