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El problema con el nacionalismo japonés

Apenas medio año después de haber asumido el cargo de Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe está provocando ira en toda el Asia y sentimientos encontrados en el país que es su aliado clave, Estados Unidos. Pero, ¿usará la administración Bush su influencia para apartar a Abe del comportamiento provocador?

El antecesor de Abe, Junichiro Koizumi, fue un líder que rompió moldes y revivió la economía de Japón, reformó el sistema de ahorro postal y destrozó el sistema de facciones del Partido Democrático Liberal que ha gobernado durante mucho tiempo. Pero Koizumi también legitimó un nuevo nacionalismo japonés, irritando a China y Corea del Sur con sus visitas anuales al santuario de Yasukuni. Abe, si acaso, está aún más comprometido con la construcción de un Japón seguro de sí mismo y sin arrepentimientos.

Cualquiera que crea que la controversia sobre Yakusuni es un oscuro tema histórico con el que los chinos y coreanos golpean a Japón para sacar provecho político probablemente no haya estado mucho tiempo ahí. El problema no son los doce criminales de guerra que están enterrados en el santuario; el verdadero problema es el museo militar Yushukan contiguo.

Al pasar por los Zeros Mitsubishi, los tanques y las ametralladoras que se exhiben en el museo, uno se encuentra una historia de la Guerra del Pacífico que restaura “la verdad de la historia moderna japonesa” y que se apega a la narrativa nacionalista: Japón, víctima de las potencias coloniales europeas, sólo buscaba proteger al resto de Asia de ellas. La ocupación de Corea por Japón, por ejemplo, se describe como una “asociación”; en vano busca uno algún testimonio de las víctimas del militarismo japonés en Nanjing o Manila.