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El problema de la esperanza

PARÍS – En Europa las elecciones presidenciales de Estados Unidos se siguen con un interés apasionado. Se ven como una larga saga llena de sorpresas. De este lado del Atlántico algunos incluso envidian las calidades humanas e intelectuales de los tres candidatos restantes y se oyen cosas como “¿podríamos tomar prestado a alguno de sus candidatos?”. Muchos europeos piensan que los tres candidatos son excelentes y que, a diferencia de elecciones anteriores, Estados Unidos sufre de un exceso de calidad.

Pero el interés de los europeos en estas elecciones presidenciales no puede ocultar el hecho de que no es claro lo que se espera de ellas. Los europeos quieren unos Estados Unidos más “normales”, más cercanos a sus valores, pero a la vez les preocupa que unos Estados Unidos más modestos exigirían más de ellos en la esfera del poder militar “duro”.

Estados Unidos como modelo o Estados Unidos como protector – este “dilema europeo” es nuevo en sí mismo. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de los europeos consideraban a Estados Unidos tanto su protector contra los objetivos expansionistas de la Unión Soviética como el actor externo clave para la reconstrucción moral y económica de su continente profundamente herido.

Este ya no es el caso. La caída de la URSS, las heridas que Estados Unidos se ha provocado a sí mismo –particularmente en Iraq—y el surgimiento espectacular de Asia han cambiado las percepciones europeas sobre aquel país. Estados Unidos ya no es el protector o el modelo que solía ser, ni está sólo en términos de influencia y poder.