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El nuevo Obama

NUEVA YORK – Después del segundo debate entre el presidente estadounidense, Barack Obama, y su contrincante, el republicano, Mitt Romney, los seguidores de Obama gritaron al unísono: ¡El viejo Obama ha vuelto! El candidato lánguido, indiferente y apagado del primer debate había desaparecido y la figura imponente y admirada de la victoriosa campaña de 2008 había regresado. Como señaló el comentarista, Andrew Sullivan, “lo vi participar como la primera vez… Vi al presidente que yo conocía.”

Sin embargo, ante mis ojos el viejo Obama no había vuelto. Un nuevo Obama había surgido. El de antes era juvenil, carismático, elegante y lleno de esperanza. Su porte era fresco pero también relajado. Su oratoria impresionaba. Su sonrisa podía cautivar a miles.

El Obama del segundo debate –y del tercero- fue más duro, frío, pesimista y sombrío. Había tensión en sus labios. Su discurso entrecortado parecía sujeto a un control constante. Su oratoria no impresionó, no pudo hacerlo. La sonrisa era esporádica y reservada.

Sin embargo, su manejo de la argumentación y la información detallada fue contundente. Sus oraciones estuvieron cuidadas. Habló con una energía fría y disciplinada. Cuando él no tenía la palabra su postura inmóvil era casi perfecta, casi escultural, como si posara para un retrato (como se observó en la pantalla cuando transmitían sus reacciones).