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La tragedia del Presidente Chen

El procurador de Taiwán ha acusado a la esposa del Presidente Chen Shui-bien por malversación de fondos públicos. Chen, como presidente en funciones, no puede ser acusado aunque el procurador diga que tiene evidencias para probar su culpabilidad. Pero el legado de Chen ya estaba hecho pedazos.

Chen puede continuar en su puesto hasta que termine su período en 2008 o podría renunciar ahora para dejar a su Vicepresidente y simpatizante del pro-independentista Partido Progresista Democrático (PPD) la reconstrucción para ganar las siguientes elecciones. Cualquiera que sea su decisión, el primer Presidente de Taiwán surgido del PPD pasará a la historia como un lamentable fracaso porque usó su administración para dividir a los ciudadanos de la isla como si sus oponentes políticos internos fueran los enemigos mortales de Taiwán.

La raíz de la muerte moral de Chen es algo que los griegos clásicos identificaron: hubris. La popularidad de Chen entre los seguidores de su partido, cuya devoción frecuentemente rayaba en el fundamentalismo, lo transformó de ser una persona con instintos democráticos profundos al caso típico de un hombre que considera el poder y sus prerrogativas como algo que le pertenece por derecho.

Chen alguna vez tuvo valor político. Estuvo en la cárcel hace años por sus actividades anti-Kuomintang (KMT) y se enfrentó, con todo en su contra, al Partido Comunista Chino que en vano trató de subyugarlo en las relaciones a través del Estrecho y en la política global.