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Las megaempresas de alimentos ante la ética

PRINCETON – El mes pasado, la organización internacional de ayuda Oxfam lanzó una campaña llamada Tras la marca, en la que evaluó la transparencia de las diez empresas de alimentos y bebidas más importantes del mundo en lo concerniente a sus modos de producción y calificó su actuación en ciertos temas delicados, por ejemplo la relación con los pequeños agricultores, el uso sostenible del agua y la tierra, el cambio climático y la explotación de las mujeres.

Así como los consumidores tienen un deber ético de saber cómo se producen sus alimentos, las grandes marcas tienen la obligación de ser más transparentes y dar información sobre sus proveedores, para que los clientes puedan elegir con fundamento lo que comen. Pero muchas veces ni siquiera las empresas cuentan con esa información, señal de una profunda falta de responsabilidad de su parte.

El primer lugar en la lista de transparencia fue para Nestlé, por ofrecer información sobre al menos algunas de sus fuentes de materias primas y sus sistemas de auditoría. Aún así, solo obtuvo un “aprobado”. El último lugar de la lista fue para General Mills.

Además de falta de transparencia, el informe de Oxfam identifica otras deficiencias compartidas por las diez grandes empresas alimenticias: por ejemplo, no ofrecer a los pequeños agricultores acceso igualitario para vender productos a sus cadenas de suministro; y que aquellos pequeños agricultores que logran comerciar con los proveedores de las grandes marcas no siempre reciben un precio justo por sus productos.