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El impuesto Tobin reaparece

CAMBRIDGE – A finales de agosto sucedió algo que nunca pensé que vería en mi vida. Uno de los principales  responsables del diseño de políticas públicas del imperio financiero anglo-americano abogó en efecto por un impuesto Tobin -un impuesto global a las transacciones financieras.

Se trataba del funcionario Adair Turner, director de la Oficina de Servicios Financieros del Reino Unido, el principal regulador financiero  del país. Al expresar su preocupación por el tamaño del sector financiero y sus niveles de compensación frecuentemente obscenos, Turner dijo que creía que un impuesto global a las transacciones financieras podría ayudar a ponerles un límite.

Una declaración como esa hubiera sido inimaginable en los años previos al colapso de las hipotecas de alto riesgo. Sin embargo, actualmente es una señal de lo mucho que han cambiado las cosas.

La idea de dicho impuesto la barajó por primera vez en los años setenta el economista galardonado con el premio Nobel James Tobin, que en una famosa frase pidió ampquot;lanzar un poco de arena al motor de las finanzas internacionales.” Tobin estaba preocupado por las fluctuaciones excesivas de los tipos de cambio. Decía que un impuesto a los movimientos de dinero de corto plazo en diferentes divisas restringiría la especulación y crearía un margen de maniobra para la gestión macroeconómica interna.