La nueva cuestión judía de Europa

NUEVA YORK – En marzo de 1936 el Semj (cámara baja del parlamento) polaco casi logró ilegalizar la shechita (sacrificio de animales siguiendo los preceptos judíos). Solamente la Constitución Polaca evitó una prohibición explícita y directa. Si la mayoría de los legisladores hubieran logrado lo que se proponían, muchos de los 3,2 millones de judíos de Polonia se habrían quedado sin carne que comer.

Hace un par de días, los fantasmas del pasado volvieron al Sejm, cuando los diputados rechazaron un proyecto de ley presentado por el gobierno que apuntaba a mantener la legalidad del sacrificio religioso de animales. Incluso a muchos de quienes apoyaban la propuesta (como el Primer Ministro Donald Tusk) les preocupaba no tanto la defensa de las minorías religiosas como proteger los empleos en la industria de la carne.

La votación significó una violación a la libertad religiosa consagrada en el Artículo 53 de la Constitución Polaca, que indica “A todos y cada uno se les garantizará la libertad de consciencia y religión” y donde se especifica la protección de la “celebración de ritos”. Fue además un bofetón a la comunidad judía polaca que ha formado parte del paisaje social del país por más de un milenio y, a pesar del Holocausto, ha experimentado un notable renacimiento en las últimas dos décadas. De hecho, con la riqueza de su tradición e historia judías, se pensaba que Polonia era uno de los ambientes más fértiles para un resurgimiento judío tras la caída del comunismo.

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