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El revolucionario del girasol

LONDRES – La espantosa noticia de que Ai Weiwei, tal vez el artista contemporáneo más famoso de China, ha sido detenido y encarcelado –su familia y amigos no lo han visto ni han sabido nada de él desde entonces– me hace pensar de nuevo en los 100 millones de semillas de girasol de porcelana y pintadas a mano que ahora se están exhibiendo en la Tate Modern Gallery de Londres.

El pueblo de China es –parece decir la instalación de Ai– como los millones de semillas extendidos por el gigantesco vestíbulo de la Tate. A nadie importa que se los humille o pisotee (como se permitió en la inauguración de la exposición). Lamentablemente, Ai ha pasado a ser una de las semillas, con su libertad aplastada por la bota de un Estado inhumano.

El periódico oficial chino Global Times denuncia a Ai como un “rebelde” y en China no se tolera a los rebeldes. La única forma como una persona china puede sobrevivir es la de adoptar la anónima y gris actitud de la semilla de girasol.

Según una breve crónica publicada por la agencia de noticias oficial Xinhua, Ai ha estado supuestamente implicado en “delitos económicos”, lo que podría significar prácticamente cualquier cosa que los dirigentes de mentalidad marxista-maoísta quieran inventar. En realidad, el Gobierno de China aún no ha decidido si procesar a Ai por delitos económicos o por ser un “rebelde”. En cualquiera de los dos casos, no se puede permitir que el mundo exterior tenga idea alguna de la suerte que espera a Ai.