El cerebro sometido a tensión

NUEVA YORK – La tensión nerviosa contribuye al desencadenamiento de la enfermedad cardiovascular y de la depresión, entre otras afecciones, y no son sólo los mayores acontecimientos que provocan tensión los que hacen estragos en nuestro cuerpo, sino que, además, los numerosos conflictos y exigencias de la vida diaria intensifican y a veces alteran el funcionamiento de nuestros sistemas de reacción ante la tensión y causan un deterioro en el cuerpo y en el cerebro.

Esa carga de la tensión nerviosa crónica, llamada “carga alostática excesiva”, refleja no sólo las repercusiones de las experiencias vitales, sino también nuestra constitución genética. Además, los hábitos individuales –como, por ejemplo, la dieta, el ejercicio, la cantidad y la calidad del sueño y el uso indebido de substancias– desempeñan también un papel importante, como también las primeras experiencias de la vida, que establecen modalidades de comportamiento y reactividad fisiológica para toda la vida.

Hay tres categorías de tensión nerviosa:

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