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NEW HAVEN – La reciente transición en el liderazgo de China fue considerada ampliamente como un triunfo para los conservadores de línea dura y un revés para la causa de la reforma -una caracterización que ha agravado el pesimismo que domina las percepciones que tiene Occidente de China-. De hecho, nada podría estar más alejado de la realidad.

Xi Jinping y Li Keqiang -las dos máximas autoridades del nuevo consejo de gobierno de China (el Comité Permanente del Politburó)- tienen un alto nivel de educación, han viajado mucho y son pensadores sofisticados que aportan un bagaje de experiencia para enfrentar los muchos desafíos que tiene China por delante. En su condición de líderes de la llamada Quinta Generación, dan continuidad al progreso constante en materia de competencia que ha caracterizado cada una de las transiciones de liderazgo de China desde el surgimiento de Deng Xiaoping a fines de los años 1970.

Si bien es absolutamente prematuro juzgar el estilo y la dirección que emprenderán los nuevos líderes de China, vale la pena destacar tres indicios tempranos. Primero, la asunción de Xi es más completa que en transiciones anteriores. Al tomar las riendas de inmediato tanto del Partido Comunista Chino (PCC) como de la Comisión Militar Central, tiene más probabilidades de imprimir su sello personal en las políticas que sus antecesores cuando llegaron al poder.

Efectivamente, China gobierna por un consenso del Comité Permanente. Pero Xi está bien posicionado para liderar la estrategia de un organismo encargado de tomar decisiones que hoy tiene un tamaño menor (pasó de nueve miembros a siete). Es más, durante mucho tiempo se mostró a favor de una estrategia científica más amigable con el mercado para el desarrollo económico, que será vital para el futuro de China.