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¿Qué pasará en las calles en 2012?

NUEVA YORK – ¿Qué traerá el año nuevo para la ola global de protesta iniciada en 2011? ¿Será que el estallido de furia que nació en Túnez alcanzó su apogeo en el distrito financiero de Manhattan? ¿O todavía veremos en 2012 una escalada de la política de disenso?

La respuesta es alarmante, pero bastante previsible: probablemente veremos una centralización mucho más coordinada de la represión y una urgencia por aprobar leyes que limiten los derechos humanos, tanto en países desarrollados como subdesarrollados. Aunque también es probable que haya una importante reacción de los movimientos de base.

Lo que nos muestra este drama de protesta y represión cada vez más globalizado es la subtrama de la que muchos entusiastas de la globalización neoliberal nunca nos hablaron: el poder del capital globalizado para hacer estragos con la autoridad de gobiernos elegidos democráticamente. Desde el punto de vista de los intereses corporativos globales, sociedades cerradas como China ofrecen un ambiente más propicio para los negocios que las problemáticas democracias, donde los costos son mayores por la presencia de sindicatos, altos niveles de protección de los derechos humanos y una prensa vigorosa.

La contrarreacción a la protesta muestra semejanzas en todo el mundo, lo cual es indicio de que los actores estatales y corporativos ya están aprendiendo “mejores prácticas” para reprimir el disenso y al mismo tiempo mantener en pie fachadas democráticas. En el Reino Unido, el primer ministro David Cameron ha impugnado reiteradamente la legislación sobre derechos humanos; la Policía Metropolitana pidió autorización para disparar contra manifestantes pacíficos con balas de plástico (proyectiles de varios centímetros de largo que en Irlanda del Norte ya causaron alrededor de una docena de víctimas fatales, incluidos niños); además, la policía distribuyó entre varias empresas londinenses “de confianza” un informe sobre la amenaza terrorista, con referencias al movimiento de ocupación y alusiones a “activistas sospechosos”.