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La tormenta en el África subsahariana

WASHINGTON, DC – Cuando el mundo está afrontando la agitación financiera más grave de la posguerra, la atención está centrada en las economías avanzadas y con mercados en ascenso afectadas de forma más inmediata, pero las repercusiones en los países pobres son mucho más graves.

El débil crecimiento económico mundial está contrayendo los mercados de exportación y muchos precios de materias primas están desplomándose. La combinación de unas condiciones crediticias más estrictas en las economías avanzadas y perspectivas económicas más sombrías en los países con bajos ingresos están afectando a las corrientes de inversión y las transferencias enviadas por los trabajadores, que ahora superan con mucho a la ayuda, pues constituyen las mayores corrientes financieras destinadas a los países con bajos ingresos, también están disminuyendo.

El África subsahariana depende en gran medida de las exportaciones de materias primas, por lo que es particularmente vulnerable a la recesión mundial. Muchos países africanos han aprovechado el pasado decenio para aplicar políticas económicas racionales y sostenibles que han propulsado un crecimiento potente y una inflación baja. Junto con el alivio de la deuda, el resultado de dichas políticas han sido unos niveles bajos de deuda pública, unos sistemas financieros relativamente sanos y –lo más importante de todo– un aumento del nivel de vida.

Esos logros están ahora en riesgo. Los altos precios de los alimentos y los combustibles existentes hasta época reciente han pasado una cuantiosa factura a las finanzas de muchas economías africanas. Ahora afrontan un segundo golpe con la recesión mundial.