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El lado débil del "núcleo duro" de Europa

Francia y Alemania solían verse a si mismas como el "núcleo duro" de la Unión Europea, rodeado de círculos concéntricos de socios menos comprometidos. Sólo los otros cuatro miembros fundadores de lo que era la Comunidad Europea (Italia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo) eran admitidos dentro del exclusivo círculo de los verdaderos creyentes en Europa.

No hay duda de que la reconciliación entre Francia y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial (naciones que alguna vez se percibieron y lucharon entre si como "enemigos hereditarios") ha sido el motor de la integración europea por más de medio siglo. Hoy en día, esa pareja francogermana parece más bien el punto débil de Europa. El motor se ha convertido en un freno.

La traumática experiencia de la desunión occidental acerca de Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU, cuando los gobiernos de Jacques Chirac y Gerhard Schröder encabezaron la resistencia a la invasión impulsada por EEUU y el Reino Unido, demostró que el bilateralismo francoalemán tiene efectos secundarios destructivos. La percepción de que pretendían hablar por la totalidad de Europa generó muchos antagonismos en la Unión.

Ser el "núcleo duro" de Europa no es un fin en si mismo. Su "raison d'être" es superar los egoísmos nacionales y dar un buen ejemplo. Si se guía por el espíritu del multilateralismo, la pareja de Francia y Alemania puede impulsar al conjunto de Europa. Pero esto es precisamente lo que Francia y Alemania ahora se niegan a hacer en muchos campos de la integración europea.