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El Cerebro Social

La imitación, como dice el dicho, es la forma más sincera de lizonja, pero parece inclusive ser el corazón de nuestra humanidad. En efecto, la imitación aparenta ser una clave vital para entender el desarrollo humano, desde el comportamiento y el lenguaje hasta la empatía y las habilidades sociales.

En comparación con la mayoría de las otras especies, los seres humanos son tan inmaduros al momento del nacimiento que requieren de un periodo excepcionalmente largo de crianza y protección. Nos pasamos nuestra larga infancia temprana y nuestra niñez adaptándonos al siempre cambiante y altamente complejo medio sociocultural que nos rodea. Esto nos permite interactuar y operar con éxito en nuestro medio ambiente a lo largo de la vida.

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Desde el inicio, incluso antes de desarrollar la habilidad para usar el lenguaje hablado, la comunicación no verbal configura drásticamente nuestra personalidad y sentido del ser. Los niños aprenden viendo a los adultos y a otros niños, desarrollando importantes habilidades a través de una continua retroalimentación social. Esta retroalimentación permite la producción y, después, el entendimiento adecuados de las expresiones faciales relacionadas con las emociones que el sujeto mismo no puede ver. Por fortuna para el desarrollo humano, para los niños sanos la imitación es altamente gratificante. Disfrutan tanto de imitar como de ser imitados.

La imitación es tan esencial para dominar las habilidades sociales básicas y transferir el conocimiento cultural que lo más probable es que tenga un fundamento orgánico en el cerebro. Las llamadas "neuronas espejo", primero descubiertas en los monos, quizá tengan esa función, proveyendo un código común entre el transmisor y el receptor de un mensaje no verbal. Las neuronas espejo de los monos se activan de igual forma cuando ellos realizan una acción como tomar una fruta de una charola, por decir algo, y cuando miran a otro mono (o al investigador humano) realizar la misma acción.

Los estudios llevados a cabo a partir de las técnicas de visualización muestran que el cerebro humano contiene un Sistema de Neuronas Espejo (SNE) similar. Por ejemplo, nuestra corteza motora, la cual normalmente utilizamos para tener un control preciso de nuestros propios movimientos, se activa con el simple hecho de mirar los movimientos de otra persona. Como es bien conocido por los amantes de los deportes, los músicos y quienes estudian el lenguaje corporal, el mirar los movimientos y las posturas de otras personas puede facilitar los esquemas motores del propio observador, a veces resultando en una imitación no intencional.

Uno puede copiar movimientos y acciones motoras sin entender su significado. Esto sucede cuando una bandada de gansos despega de pronto de un lago, siguiendo "ciegamente" al primero de sus miembros que se sintió atemorizado. Para los humanos, el SNE quizá provee un mecanismo de copiado más sofisticado que nos ayuda a entender las intenciones de otras personas. En cierto sentido, a leer su mente. La gente computa las intenciones y emociones de otras personas continuamente, observando todo el tiempo sus movimientos, posturas y miradas. Esta habilidad para leer la mente es esencial para lograr una interacción social exitosa.

Los investigadores han descubierto que una parte clave del SNE humano es el área de Broca, una región del cerebro que, cuando es dañada, impide que el paciente hable. El área de Broca es la contraparte humana del área de neuronas espejo del mono. Puesto que tanto las neuronas espejo del humano como las del mono codifican la manipulación de las manos y los gestos faciales, han surgido algunas hipótesis interesantes. Por ejemplo, la presencia de neuronas espejo en el área de Broca sugiere que el lenguaje humano, más que haya surgido directamente de las vocalizaciones, coevolucionó con los gestos manuales y faciales.

En los humanos, el área de Broca se encuentra en el hemisferio izquierdo del cerebro, cuya dominación del habla es bien conocida. Pero el área correspondiente también es más grande en el cerebro izquierdo de los primates mayores, lo que indica, asimismo, que el área de Broca evolucionó primero para la comunicación gestual y sólo después para el habla.

De igual forma, los estudios de comportamiento han mostrado que los gestos tienen una relación cercana con la producción del habla. Por dar un ejemplo familiar, todos hacemos gestos incluso cuando hablamos por teléfono, cuando no hay nadie que nos vea. De hecho, ¡los ciegos congénitos gesticulan incluso cuando hablan con personas que ellos saben que están ciegas también!

La existencia del SNE humano implica que las mismas áreas del cerebro podrían activarse cuando realizamos una acción motora y cuando sólo observamos a otra persona efectuar una acción similar. Esto nos lleva a una cuestionante obvia: ¿cómo sabemos que de hecho ejecutamos una acción motora en lugar de sólo haberla visto? Para la mayoría de las personas la retroalimentación que proveen los sensores localizados en los músculos y en los tendones, así como la apropiada comunicación entre las áreas del cerebro, ayudan a resolver eso. Pero la atribución errónea de nuestros propios actos, de hecho, sí ocurre en algunos trastornos psiquiátricos.

Hay otros trastornos que se asocian con las habilidades de imitación defectuosas. Por ejemplo, los individuos autistas imitan a otros en menor cantidad y de distinta manera que los sujetos sanos. También tienen una pobre capacidad para leer la mente. Algunos pacientes, en contraste, sufren el otro extremo de los trastornos. Ellos "hacen ecos", imitando casi todos los movimientos de otras personas.

Quizá lo más intrigante del asunto sea que el SNE podría proveer una plataforma de arranque para la simulación mental de acciones futuras, las de uno mismo y las de otros. Tal vez podría también ser parte de un mecanismo más amplio que permite que las intenciones, las emociones e incluso la intensidad del dolor sean equiparadas por los gestos y comunicadas entre individuos.

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Las nuevas herramientas de visualización nos permiten estudiar esas y otras cuestiones acerca de las funciones del cerebro humano de forma más productiva que nunca antes. Ahora podemos rastrear con precisión, tanto temporal como espacial, las rutas de procesamiento del cerebro, las cuales no son sólo determinadas por los genes, sino además por toda la experiencia que un individuo acumula durante toda su vida.

En esos estudios, los neurólogos, los psiquiatras, los geneticistas y los investigadores del comportamiento contribuyen en conjunto para satisfacer el interés común que representa el descubrir cómo opera el cerebro humano. Las técnicas de visualización aplicadas al cerebro, combinadas con el nuevo marco conceptual sugerido por las investigaciones acerca de las neuronas espejo, prometen develar un cerebro "social" más holístico. Las funciones y disfunciones de tal cerebro -su propia estructura- ampliarán dramáticamente nuestro entendimiento de la relación que hay entre nuestra existencia personal y la de otros.