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El déficit de capacitación

BRUSELAS – Después de dos años de producirse un ataque de nervios en la economía  mundial a raíz del colapso de Lehman Brothers, los mercados financieros globales siguen inestables, y la recuperación que comenzó con tanto vigor en 2009 parece estancarse.

La desaceleración, como era de esperarse, ha suscitado llamados que piden más estímulos fiscales y monetarios. El argumento parece simple: sólo una fuerte dosis de gasto público y un enorme apoyo del banco central al sistema financiero impidieron llegar a una segunda Gran Depresión, por lo que ahora se necesita más de la misma medicina para evitar  un regreso a la recesión.

Este argumento parece particularmente fuerte en los Estados Unidos, donde durante los largos años de expansión  se acostumbró a las tasas de desempleo de alrededor de 5% y a un crecimiento sostenido del consumo. Sin embargo, al evaluar las perspectivas de la economía estadounidense, no se debe comparar las bajas tasas de crecimiento trimestrales (los datos para abril-junio son especialmente decepcionantes) y la tasa actual de desempleo de casi 10% con el periodo dorado de la burbuja. Se requiere una visión de largo plazo porque los Estados Unidos se enfrentan a un desafío de ajuste estructural que vendrá acompañado de un alto desempleo.

Al igual que en el sur de Europa, la economía estadounidense debe alejarse del modelo de crecimiento orientado hacia el consumo y la vivienda de la última década. El presidente Barack Obama ha abordado este desafío estableciendo el objetivo de duplicar el volumen de las exportaciones de su país en la siguiente década. Sin embargo, resulta más fácil decirlo que hacerlo.