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El hombre enfermo de Asia

Japón está enfermo, pero una vez más la gente está recobrando la esperanza de que por fin se recupere, sobre todo gracias a que un reformista comprometido que se llama Heizo Takenaka parece estár dirigiendo la política económica. Pero lo que los responsables de las políticas y los analistas no ven (o se niegan a ver) es que la política económica por sí misma no revigorizará a Japón.

La crisis de Japón es sistémica, no cíclica. La deuda, la inflación y otros padecimientos son simples síntomas de la enfermedad del país. Las causas son una combinación de esclerosis institucional, anomia social y gobierno gerontocrático.

Durante varias décadas después de la Segunda Guerra Mudial, el sistema japonés funcionó admirablemente bien, no sólo en la generación de crecimiento sino en la dotación de altos niveles de educación, expectativas de vida más larga, seguridad y otros beneficios sociales para sus ciudadanos. El sistema se basaba en tres pilares: una clase político-industrial cohesionada, la movilización de recursos para alcanzar las metas económicas nacionales y el escudo defensivo de Estados Unidos.

Casi inmediatamente después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, Japón dejó de ser el enemigo de los Estados Unidos para convertirse en su protegido mimado. Era la "verdadera geopolitik" en acción. La Guerra Fría, la consolidación de la China maoísta y la Guerra de Corea, hicieron que Japón resultara indispensable para Estados Unidos. No sólo le dieron protección militar a Japón (permitiéndole concentrarse en sus metas industriales) sino que también le otorgaron una enorme asistencia económica, que incluyó transferencia de tecnología a gran escala y, lo más importante, le abrieron su mercado a las exportaciones japonesas, mientras que le permitieron a Japón proteger su mercado interno.