El hombre enfermo de Asia

Japón está enfermo, pero una vez más la gente está recobrando la esperanza de que por fin se recupere, sobre todo gracias a que un reformista comprometido que se llama Heizo Takenaka parece estár dirigiendo la política económica. Pero lo que los responsables de las políticas y los analistas no ven (o se niegan a ver) es que la política económica por sí misma no revigorizará a Japón.

La crisis de Japón es sistémica, no cíclica. La deuda, la inflación y otros padecimientos son simples síntomas de la enfermedad del país. Las causas son una combinación de esclerosis institucional, anomia social y gobierno gerontocrático.

Durante varias décadas después de la Segunda Guerra Mudial, el sistema japonés funcionó admirablemente bien, no sólo en la generación de crecimiento sino en la dotación de altos niveles de educación, expectativas de vida más larga, seguridad y otros beneficios sociales para sus ciudadanos. El sistema se basaba en tres pilares: una clase político-industrial cohesionada, la movilización de recursos para alcanzar las metas económicas nacionales y el escudo defensivo de Estados Unidos.

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