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El síndrome de la esquizofrenia

La esquizofrenia afecta a cerca de un 1% de la población mundial. Por lo general, los primeros síntomas aparecen cuando la persona tiene entre veinte y treinta años, y muchos de los pacientes nunca se recuperan totalmente. Lo que es aún peor, no sabemos casi nada acerca de sus causas.

Por una parte, hay importantes evidencias de que tiene una base biológica, ya que ocurre en las familias, lo que indica un componente genético. También hay sutiles anomalías en la estructura cerebral. El tratamiento con drogas, particularmente las que se centran en el neurotransmisor dopamina, pueden reducir los síntomas, pero el mecanismo de este efecto es desconocido y desgraciadamente pueden ocurrir (y de hecho ocurren) efectos secundarios.

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Por otra parte, los síntomas característicos de la esquizofrenia se encuentran claramente en el campo de la mente. Los pacientes informan de alucinaciones (falsas percepciones) e ilusiones (falsas creencias). Pueden escuchar en voz alta sus propios pensamientos, o escuchar voces que les hablan. Pueden llegar a creer que se trata de fuerzas extrañas que están controlando sus acciones o insertando pensamientos en su mente. El desafío para el neuropsicólogo es demostrar la relación causal entre un desorden en el cerebro y estas extrañas experiencias.Mi propio punto de partida para comprender la esquizofrenia es la observación de que, en algunos casos, la "voz" que escuchan los pacientes es claramente su propia voz. Esta observación pone el problema bajo una luz ligeramente diferente: la pregunta no es por qué los pacientes oyen voces, sino por qué confunden su propia voz con la de otro. Esta interrogante se aplica también a otros síntomas. Por ejemplo, los pacientes con ilusiones de control dicen que sus movimientos no son suyos: sienten que otra persona los está realizando.Esto no es tan desconcertante como podría parecer a primera vista.

Después de todo, cada acción que realizamos provoca cambios en nuestras sensaciones. Cuando hablamos, escuchamos el sonido de nuestra propia voz. Cuando movemos un brazo, hay cambios en las sensaciones cenestésicas y táctiles. Pero no hay nada en la naturaleza de estas sensaciones que las distinga de las señales provocadas por sucesos externos: el sonido de la voz de otra persona o alguien que esté levantando uno de nuestros brazos.

Normalmente, no tenemos problemas para reconocer si las sensaciones son causadas por nuestras propias acciones, ya que se pueden predecir. Basados en las órdenes motoras que enviamos a nuestros músculos, podemos anticipar con precisión las sensaciones que causará esa acción. Por eso es que no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos. Si acariciamos nuestra palma izquierda con la mano derecha, la sensación es mínima, pero es muy intensa si otra persona o un robot aplican la estimulación.

El mismo fenómeno se puede observar en el cerebro al usar la generación de imágenes por resonancia magnética funcional (FMRI). Acariciar la palma causa un aumento de la actividad en la parte del cerebro (el lóbulo parietal) que procesa la estimulación táctil. Pero hay mucho menos actividad cerebral cuando la persona que está siendo sometida al escáner acaricia su propia palma.Este mecanismo, llamado descarga corolaria o reaferencia, reduce la experiencia de las sensaciones que causamos mediante nuestras propias acciones. Esto nos permite identificar los cambios más importantes en la sensación que son causados por sucesos externos y distinguirlos de las sensaciones provocadas por nuestras propias acciones.

Si este mecanismo no funcionara adecuadamente, atribuiríamos equivocadamente las sensaciones causadas por nosotros mismos a cosas que ocurren en el mundo exterior y sobre las cuales no tenemos control. Esta hipótesis se puede probar experimentalmente. En términos de experiencia, los pacientes que informan que sus movimientos son causados por otros deberían estar más conscientes de las sensaciones causadas por sus propias acciones. Por ejemplo, deberían ser capaces de hacerse cosquillas.

De hecho, hemos descubierto precisamente eso: los pacientes con ilusiones de control informan que las sensaciones que tienen al acariciar su propia palma son tan intensas como las sensaciones causadas cuando otra persona se la acaricia. En términos fisiológicos, estos pacientes muestran una actividad anormalmente alta en el lóbulo parietal cuando realizan movimientos que les parecen hechos por otra persona. Sus respuestas fisiológicas a las sensaciones autogeneradas no se ven reducidas.Se han hecho observaciones similares para el sistema auditivo. La actividad en la parte del cerebro que tiene que ver con el sonido (el lóbulo temporal) se reduce cuando escuchamos el sonido de nuestra propia voz al hablar. Los pacientes que tienen alucinaciones auditivas no muestran esta reducción de la actividad ante el sonido de su propia voz.Hasta el momento sabemos muy poco acerca de los mecanismos que nos permiten predecir las sensaciones causadas por nuestras propias acciones. La parte del cerebro que genera las acciones (el córtex frontal) debe estar enviando señales a las regiones del cerebro donde se procesan las sensaciones, pero tenemos escaso conocimiento de la naturaleza de estas señales o las vías específicas utilizadas.

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Pero podemos medir la potencia de las conexiones entre regiones del cerebro, y la fuerza de estas conexiones parece ser menor en los pacientes con esquizofrenia. De modo que tal vez la clave para comprender los síntomas de la esquizofrenia a nivel fisiológico surja del estudio de las conexiones entre diferentes regiones del cerebro.

Todavía hay mucho trabajo que realizar, tanto para entender la esquizofrenia como para desarrollar tratamientos más eficaces. Pero al menos ahora tenemos un prometedor marco conceptual para comprender cómo las extrañas experiencias de la mente se pueden relacionar con procesos anormales del cerebro.