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Las raíces de la rápida recuperación de China

BEIJING – Se calcula que en 2009 el PIB de China creció un 8,7 por ciento anual –una vez más la tasa mayor del mundo– y el aumento en el cuarto trimestre ascendió al 10,7 por ciento, frente al 6,3 por ciento en el cuarto trimestre de 2008. Para gran parte del mundo, la capacidad de China para quitarse de encima la crisis financiera mundial y mantener una fuerte trayectoria de crecimiento en 2010 y 2011 parece demasiado fácil.

Pero conseguir el crecimiento de China no ha sido fácil precisamente. Las firmes y decisivas políticas de estímulo, aplicadas con diestra oportunidad al comienzo de la crisis financiera, desempeñaron, desde luego, un papel importante en la rápida recuperación de China. En fecha tan temprana como octubre de 2008, cuando la crisis golpeó por primera vez, el Gobierno de China aprobó un amplío plan de medidas encaminado a impedir que la economía siguiera empeorando. El déficit fiscal equivalía al 3 por ciento del PIB en 2009, lo que produjo un crecimiento del 3 por ciento del PIB, mientras que en 2008 el déficit fue, literalmente, nulo.

La llamada política monetaria “moderadamente relajada” del país también desempeñó su papel al permitir que el crédito bancario aumentara casi un 34 por ciento en 2009 y la oferta de dinero M2 un 27 por ciento. El crecimiento monetario puede aumentar las presiones inflacionistas y el riesgo de una burbuja de los activos más adelante, pero ayudó a velar por que la economía de China no cayese en una recesión profunda cuando golpeó la crisis financiera. Otras iniciativas políticas encaminadas a impulsar la demanda en los mercados de la vivienda y de los automóviles también resultaron eficaces.

Pero la gestión de la crisis por parte de China es sólo una parte de la historia. No explica por qué otros países que adoptaron medidas aún más firmes no produjeron una recuperación igualmente rápida ni por qué el Gobierno de China parece tener más margen de maniobra que otros.