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El camino hacia la justicia en el Iraq

A medida que se acumulan las preguntas sobre los verdaderos motivos de la guerra del Iraq, debemos procurar no mirar sólo hacia atrás. El examen de las acciones anteriores a la guerra de la coalición encabezada por los Estados Unidos puede muy bien revelar el engaño y la manipulación oficiales al exponer la necesidad de la intervención militar, pero las insistentes preguntas sobre la legitimidad de la campaña no se refieren tanto al pasado cuanto a la actual falta de apariencia alguna de imperio de la ley en el Iraq.

En la actualidad el vacío en materia de seguridad interior en el Iraq es tan profundo, que hace dudar de que la guerra haya acabado de verdad. Los ataques guerrilleros contra soldados de la coalición -como también la inquietante continuidad entre la ausencia de legalidad antes de la ocupación y ahora, bajo la autoridad formal de las potencias ocupantes- muestra que no existe una divisoria clara entre el ``antes'' y el ``después''. Al fin y al cabo, el imperio de la ley -y sólo eso- es lo que distingue las sociedades libres de las dictaduras.

Los oficiales de la coalición militar reconocen lo evidente: sin una prueba de la desaparición de Sadam Husein, la resistencia de sus partidarios incondicionales continuará inevitablemente. Pero, ¿qué decir de la necesidad de un más amplio ajuste de cuentas con el antiguo régimen? ¿Acaso la justicia para las víctimas y los perpetradores de los crímenes de Sadam es menos importante para separar el pasado del Iraq del presente y del futuro?

Hasta ahora, la seguridad y la imposición del cumplimiento de la ley han sido totalmente inadecuados para abordar los abusos del pasado. En vista de los decenios de gobierno represivo y las decenas de miles de iraquíes desaparecidos, ya hay problemas endémicos de verificación, pero desde el comienzo de la intervención los oficiales de la coalición han dado muestras de una patente despreocupación por las fosas comunes y los emplazamientos de las matanzas. Las excavaciones y las exhumaciones caóticas -en muchos casos llevadas a cabo por familiares deseosos de descubrir el paradero de sus seres queridos- y un tratamiento no profesional de las pruebas agravan las dificultades para descubrir la verdad.