¿“Nunca más” en Kenia?

NAIROBI – A medida que en Kenia se aproximan las elecciones generales del 4 de marzo, se mantienen frescos en la memoria los recuerdos del derramamiento de sangre que empañó la polémica elección presidencial del año 2007. La votación terminó en un enfrentamiento entre el presidente entrante Mwai Kibaki, quien se declaró como ganador, y el candidato de la oposición, Raila Odinga, quien desestimó la votación indicando que la misma fue manipulada. Los enfrentamientos étnicos subsiguientes cobraron la vida de más de 1.200 personas y desplazaron a otras 250.000.

La violencia sólo terminó después de que el ex Secretario de las Naciones Unidas Kofi Annan ayudara a negociar un acuerdo de reparto de poder según el cual Kibaki retuvo la presidencia y Odinga se convirtió en el primer ministro. Cuando se firmó el acuerdo, muchos keniatas declararon que tal violencia étnica cargada por tintes políticos “nunca más” iría a consumir a Kenia. Sin embargo, menos de tres meses antes de las próximas elecciones, pocos aún confían en que este tipo de violencia no se repita – especialmente teniendo en cuenta que el gobierno de Kenia no ha tomado medidas para prevenirlo.

Esto no es sorprendente, si se tiene en cuenta el deficiente historial de Kenia en cuanto a enjuiciar los crímenes de guerra. En el período previo al primer proceso eleccionario pluripartidista de Kenia en el año 1992, los enfrentamientos étnicos causaron cientos de muertos y el desplazamiento de un estimado de 300.000 personas. La violencia étnica también empañó las elecciones del año 1997. No obstante, a pesar de que muy pocos niegan que fueron los políticos quienes incitaron e incluso coordinaron la violencia, ningún político fue llevado ante la justicia.

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