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Ascenso y caída de la meritocracia

“Meritocracia” es una palabra llena de ecos positivos. Significa el gobierno de quienes tienen mérito. Por lo general, se entiende que este mérito consiste en logros académicos, una combinación de talento y formación, que se miden mediante grados académicos, los que a su vez se califican según el mérito: A, B, C, D, o Primero, Segundo Superior, Seguro Inferior y Tercero.

¿Quién no desearía vivir en una meritocracia? Ciertamente es preferible a una plutocracia, donde la riqueza determina el estatus, o una gerontocracia, donde la edad lo lleva a uno a la cima, o incluso una aristocracia, en que lo que cuenta son los títulos heredados y las propiedades.

De modo que la meritocracia, al menos a primera vista, parece preferible. Sin embargo, al hacer un examen más detallado, las cosas no son tan simples.

Para muchos, Francia ha sido durante largo tiempo el arquetipo de la meritocracia. La mayoría de quienes ocupaban cargos de alto nivel, no sólo en el servicio civil y en el poder judicial, sino también en la política, los negocios y el mundo académico se habían graduado en las famosas grandes écoles . Muchos de ellos se sometían luego a una rigurosa formación para convertirse en inspecteurs de finance , autoridades estatales de alto nivel.