El derecho a la igualdad, entonces y ahora

LONDRES – Después de semanas de agitación financiera y económica, el debate público finalmente viró a las potenciales y horrorosas ramificaciones humanas del colapso del sistema financiero global. Las comparaciones y contrastes con la Gran Depresión de los años 1930 inevitablemente se han vuelto parte central de ese discurso –y con razón-. Es mucho lo que el mundo puede y debe aprender ahora del punto más bajo del siglo XX.

Por sobre todo, tenemos que atender la necesidad irrefutable de efectuar intervenciones sociales –así como económicas- en un momento de crisis económica. La recesión y la depresión pueden conducir a la exclusión y, en el peor de los casos, a la persecución de los grupos más vulnerables de las sociedades. Por ese motivo fue que se adoptó la Declaración sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 1948, y por ese motivo, con más urgencia que nunca, necesitamos establecer la igualdad universal para todos los seres humanos.

Las naciones deben actuar ahora para asegurar que todos –más allá de la riqueza, la etnicidad, el sexo o la religión- tengan los mismos derechos, y que esos derechos se consagren en leyes en el momento en que se promulguen.

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