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La moraleja de Sandy

COPENHAGUE – Cuando la “súper tormenta” Sandy golpeó la costa oriental de los Estados Unidos el 29 de octubre, no sólo inundó el metro de Nueva York y se convirtió en el factor más importante para el 15% de los votantes estadounidenses (the most important factor for 15% of US voters) en las elecciones presidenciales de la semana siguiente, sino que también resucitó la aseveración injustificada & que señala que el calentamiento global es el culpable de este tipo de eventos, junto con el argumento moralmente irresponsable acerca de que debemos ayudar a las futuras víctimas de huracanes mediante la reducción de las emisiones de CO2.

Una cantidad innumerable de expertos y comentaristas públicos, que van desde Bill Clinton hasta Robert Redford, indicaron que Sandy ocurrió como consecuencia del cambio climático. Lo más espectacular fue la portada del Bloomberg Businessweek, en la cual se colocó un monumental titular encima de una imagen de un Manhattan inundado que decía “IT’S GLOBAL WARMING, STUPID” (Estúpido, es el calentamiento global).

En efecto, el calentamiento global es real, y la reducción del CO2 es una buena idea cuando el costo de tal reducción es menor a los daños que impide. También existe un granito de verdad en la relación entre los huracanes y el calentamiento global: el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) pronostica que los huracanes serán más fuertes pero menos frecuentes hacia finales de este siglo.