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La revolución renacida

CIUDAD DE MÉXICO – En El Salvador, por primera vez en América Latina, una ex organización político-militar que intentó obtener el poder por las armas ha logrado sus objetivos mediante las urnas. Si bien en Nicaragua el Frente Sandinista había ganado una elección semi-legítima en 1984, cinco años antes había llegado al poder derrocando a la dictadura de Somoza. Para 2006, cuando Daniel Ortega fue reelecto finalmente, el viejo Frente Sandinista de 1979 era irreconocible.

El Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador se creó en 1980 mediante la fusión de cinco grupos guerrilleros apoyados por Cuba y Nicaragua. El FMLN nominó a un candidato presentable y atractivo, Mauricio Funes, para las elecciones presidenciales del pasado domingo y, a pesar de que su ventaja de 10 puntos se redujo a apenas dos en la noche de los comicios, logró una victoria incontestable.

El partido conservador ARENA, que ha gobernado El Salvador desde que terminaron los diez años de guerra civil del país en 1992, hizo todo lo posible para impedir la victoria del FMLN y recurrió, una vez más, a todas las artimañas a su alcance para desacreditarlo por su orientación de izquierda. Según la implacable campaña negativa de ARENA, con un triunfo de la izquierda llegarían a San Salvador el comunismo, Hugo Chávez y los hermanos Castro.

Pero la táctica del miedo no funcionó esta vez. Obviamente, de aquí se desprende una lección que deben aprender otros movimientos políticos y grupos guerrilleros de izquierda de América Latina. El Partido Socialista de Chile, El Partido del Trabajo de Brasil, el Frente Amplio en Uruguay, incluso Chávez en Venezuela y el PRD y el FSLN en México y Nicaragua respectivamente han demostrado que, tras años de espera, la izquierda puede ganar elecciones en América Latina.