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La rebelión de los deudores

BRUSELAS – La convocatoria por parte del Primer Ministro griego, Yorgos Papandreu, de un referéndum sobre el plan de rescate acordado en la cumbre de la zona del euro a finales de octubre tiene profundas consecuencias para la gobernación europea, pese a que ahora ya no se va a celebrar. También puede determinar el futuro del euro.

Papandreu, acuciado por las presiones tanto interiores como exteriores que recibió, tuvo que cambiar de rumbo, pero, sea cual fuere la suerte del actual Gobierno griego, la opción que puso sobre la mesa no desaparecerá. Mientras haya que pedir a los griegos que acepten un plan de austeridad tras otro, podrían preguntarse cuándo tendrán voz y voto al respecto.

Menos de una semana antes de que Papandreu dejara caer su bomba, los dirigentes de la zona del euro habían declarado de manera inequívoca: "La introducción del ‘semestre europeo’ ha cambiado fundamentalmente la manera en que se coordinan nuestras políticas fiscales y económicas en el nivel europeo: ahora se hace la coordinación en la UE antes de que se adopten las decisiones nacionales". En pocas palabras, había prevalecido una supuesta gobernación financiera de toda la zona del euro.

Técnicamente, el referéndum propuesto por Papandreu no versaba directamente sobre política fiscal o económica, pero era una decisión que habría tenido enormes consecuencias económicas para la zona del euro. A pesar de ello, de adoptó sin coordinación alguna con sus dirigentes. Más aún, si los votantes de Grecia hubieran rechazado el acuerdo que se les acababa de proponer, el resultado podría haber excluido cualquier otra coordinación posterior con la Unión Europea sobre los problemas de la deuda del país. Grecia se habría hundido o mantenido a flote por su cuenta.