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El regreso de la imperturbabilidad

LONDRES – Normalmente, la política británica es un deporte feroz. Sus debates parlamentarios son con frecuencia pugilísticos y personales. Se ha calificado a los medios de comunicación británicos de “salvajes” (palabra usada por Tony Blair, entre otros). Las preguntas formuladas a los políticos por periodistas son con frecuencia tan agresivas o implícitamente insultantes, que nos preguntamos por qué aquéllos no se marchan de las entrevistas, indignados, o caen fulminados al instante de la humillación.

Pero últimamente nada ha sido normal en Gran Bretaña. Para empezar, hay el nuevo gobierno de coalición, rareza que no se había visto desde el final de la segunda guerra mundial. Además, tenemos las reacciones ante el nuevo gobierno, que se han caracterizado por una templanza de tono que resulta muy inhabitual... y tanto más sorprendente cuanto que David Cameron, el nuevo Primer Ministro, no ha sido portador de buenas noticias precisamente.

La propuesta fundamental de Cameron es la de que Gran Bretaña está en estado de “crisis" y, para superarla, harán falta fortaleza y paciencia. En un discurso importante, avisó de que iba a haber “sufrimiento” y lo padecería todo el mundo, pues harían falta recortes drásticos del gasto para reducir el enorme déficit fiscal de Gran Bretaña.

Normalmente, semejantes pronunciamientos provocarían exclamaciones de consternación e indignación real o fingida y, naturalmente, ha habido objeciones y críticas, pero, aparte de los ex ministros laboristas, que han protestado muy disgustados, al verse acusados por el estado de la economía, la respuesta ha sido notablemente cortés y considerada. ¿Qué ha ocurrido?