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El retorno del post-comunismo

El colapso del comunismo en Europa del este y central hace 15 años produjo cambios democráticos importantes y positivos. Pero, en 2006, después de más de una década de lucha para conseguir la aceptación de Occidente, el vacío político y moral que dejó el comunismo quedó expuesto en toda su magnitud. ¿Se puede encontrar un nuevo equilibrio entre el carácter democrático y las contracorrientes de la historia política y cultural de la región?

En Polonia, por ejemplo, la combinación prevaleciente de catolicismo y nacionalismo dio lugar a una sociedad particularmente resistente al comunismo (ciertamente en comparación con el carácter igualitario y social-demócrata de Checoslovaquia antes de la guerra). Pero estos anticuerpos anticomunistas también obraron contra la aceptación universal entre los polacos de la democracia liberal.

De hecho, los populistas de derecha en Polonia y los populistas de izquierda en Eslovaquia hoy están aliados en el gobierno con partidos nacionalistas extremos. En Hungría, el principal partido de la oposición, Fidesz, organiza manifestaciones frente al Parlamento para exigir la renuncia de un gobierno, incluso después de que éste ganara un voto de confianza. En República Checa, un gobierno de derecha minoritario no ganó un voto de confianza en el Parlamento después de seis meses de disputas. La entrada de Bulgaria a la Unión Europea fue pregonada en una carrera presidencial entre un ex comunista (el vencedor, que decía estar a favor de la UE) y un protofascista (que dice que odia a los turcos, a los gitanos y a los judíos).

La inestabilidad política y el comportamiento impredecible de los líderes elegidos son un modelo de lo que sucede en toda la región. Más preocupante aún es la erosión de la confianza en las instituciones democráticas. Según una reciente encuesta de Gallup International, los europeos del este y del centro son los más escépticos frente a la democracia, en la que confía apenas una tercera parte de la gente. A diferencia de la mayoría de los europeos occidentales, los europeos del este no consideran que sus elecciones sean libres y justas. Sólo el 22% respondió afirmativamente ante la pregunta: “¿Cree que su voz importa?” La democracia hoy no tiene rivales, pero está perdiendo respaldo.