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La Ruta Regional a la globalización del Libre Comercio

MADRID – Con la exangüe Ronda de Doha dando sus últimos coletazos, una nueva oleada de negociaciones comerciales regionales ha asumido de facto la tarea de establecer un régimen de comercio global. La Administración del presidente Barack Obama ha erigido a EE.UU. en pieza central de este cambio, al emprender simultáneamente dos importantes negociaciones: el Acuerdo Transatlántico de libre Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) con la Unión Europea, y la Alianza Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés) con 11 países de América y Asia.

Único actor común a ambas iniciativas, EE.UU. está en condiciones tanto de hacerlas progresar armónicamente, cuanto de utilizar los avances de una negociación en contra de la otra. Este último enfoque no sólo afectaría a los países directamente involucrados en ellas, sino que dañaría gravemente la proyección de un sistema global de base jurídica.

La nueva estrategia regional puede tener éxito y proporcionar una base sobre la que construir un régimen de comercio internacional. Pero ello sólo ocurrirá si el TTIP y la TPP son equilibrados y accesibles a la comunidad internacional en general. De lo contrario, se corre el riesgo de provocar costosos desequilibrios globales e incluso fragmentación del comercio.

Europa tiene un importante papel que jugar a este respecto. Ampliar el debate más allá de los dos grandes acuerdos creará un sentido de urgencia y propósito, llevando a  EE.UU. a participar activamente o a arriesgarse a perder su centralidad en la agenda comercial global. La UE está bien posicionada para favorecer el clima necesario jugando con sus asociaciones comerciales existentes, como es el caso de México y Chile -ambos miembros de la TPP- con los que Europa tiene acuerdos de libre comercio desde hace mucho tiempo, o con Singapur con quien Europa ha concluido recientemente las negociaciones de libre comercio.