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El juego de las citas con la recesión

STANFORD – El optimismo que apareció en las fases tempranas de la recuperación de la crisis financiera y de la recesión ha dado paso a evaluaciones más realistas sobre las amenazas que afronta la economía mundial y sus partes constituyentes nacionales a corto, medio y largo plazo.

En muchos países, han surgido incluso temores de un período prolongado de crecimiento lento y a veces negativo, obstáculos persistentes para reducir el desempleo y angustia económica continua o, peor aún, de un “decenio perdido” con múltiples recesiones, al estilo japonés, o, mucho peor aún, de una depresión (que los políticos y los intelectuales han alimentado al intentar justificar una continua intervención estatal en gran escala en la economía en los próximos años).

Pero, ¿tan inhabituales son múltiples contracciones en períodos de graves dificultades económicas? Sería útil saber la respuesta a esa pregunta antes de intentar una y otra vez impulsar la economía a corto plazo con políticas costosas que podrían empeorar las perspectivas a largo plazo.

La recesión mundial fue muy profunda, sin precedentes desde la segunda guerra mundial, con la posible excepción del comienzo del decenio de 1980 (cuando, por ejemplo, la tasa de desempleo en los Estados Unidos se elevó hasta el 10,8 por ciento como consecuencia de la desinflación respecto del aumento de los precios de dos cifras a finales del decenio de 1970). Desde el comienzo de la crisis en diciembre de 2007 hasta el aparente fin de la recesión en el verano de 2009, la disminución del PIB real en los EE.UU. ascendió al 3,8 por ciento.