El verdadero camino hacia la democracia en el FMI

Los países con mercados emergentes desde Chile hasta China han sostenido desde hace un tiempo que el Fondo Monetario Internacional -el centro nervioso del sistema financiero internacional- debe ser más "democrático". Quieren más influencia política la próxima vez que el FMI decida rescatar a otro mercado emergente como Argentina, Brasil, Indonesia y Turquía (Desafortunadamente, por benignas que puedan parecer las condiciones actuales del mercado, sin duda, habrá una siguiente vez para algunos países). Mientras tanto, a medida que un nuevo "Consenso de Washington" de políticas económicas de las mejores prácticas surge inevitablemente, los países en desarrollo quieren sentir que ayudaron a diseñarlo, para bien o para mal.

No podría estar más de acuerdo. La percepción del "déficit democrático" del FMI es un reto serio a la legitimidad política del Fondo y a su capacidad para estabilizar eficazmente situaciones críticas. Pero reconozcamos que la democracia real sólo llegará cuando los países en desarrollo con ingresos medios estén dispuestos a respaldar su retórica soberbia con efectivo. Justo ahora es el momento para hacerlo, dado que los Estados Unidos se han convertido, sin rival, en el deudor más imprudente del mundo. Los Estados Unidos están consumiendo un colosal 75% del superávit mundial de ahorro. Actualmente, aun gobiernos que estaban en bancarrota, como Corea, Rusia, y México, están inundados de dólares. ¿Por qué no dar a esos dólares un buen uso?

Estos países tienen que entender que sus demandas para que los países ricos tengan menos votos en el FMI son ingenuas, si no es que completamente hipócritas, a menos que estén apoyadas con dinero real. A fin de cuentas, mientras que el FMI esté en el negocio de los préstamos, necesita mantener a sus acreedores contentos. De otra manera, van a mudarse y el FMI (y su organización hermana, el Banco Mundial) van a tener una crisis propia. Ahora mismo, los Estados Unidos, Europa y Japón ponen la mayor parte del capital, de ahí que tengan un poder desproporcionado.

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