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El saqueo de Birmania

SYDNEY – Birmania, alguna vez el país más rico del sur de Asia, hoy está sumido en una profunda pobreza. Su economía quedó devastada como consecuencia de casi 50 años de desgobierno económico bajo un régimen militar, los únicos ránkings internacionales que encabeza son los del país más corrupto, del peor sistema de salud del mundo y del gasto más bajo en educación –“galardones” que indican, tristemente, el sufrimiento de su pueblo.

Y aún así, en los últimos años, Birmania también surgió como un productor importante de energía en el sur de Asia. Gracias a grandes campos de gas natural recuperable ubicados en ultramar, Birmania hoy genera sustanciales ingresos en divisas extranjeras.

Actualmente, la mayoría de estos ingresos (entre 1.000 y 1.500 millones de dólares por año, dependiendo de las fluctuaciones de los precios) provienen de Tailandia. El gas de Birmania, entubado a tierra desde el Golfo de Martaban, genera aproximadamente el 20% del suministro de electricidad de Bangkok.

Si todo sale bien, los nuevos campos de gas que se descubrieron recientemente en la Bahía de Bengal proporcionarán incluso más gas para la provincia Yunnan de China. Para llevar el gas a Yunnan, debe construirse un gasoducto mucho más extenso –que corra a lo largo de Birmania-. El proyecto será tan difícil como polémico. Pero, sin estándares ambientales o laborales con los que lidiar, pocos dudan de que el gasoducto siga su curso.