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En busca de la inversión

La reunión ministerial de la ronda de Doha de negociaciones comerciales celebrada en Hong Kong ha dejado una palpable sensación de frustración en el mundo en desarrollo dado el ritmo tan lento de la liberalización del sector agrícola acordado por los países ricos. Por lo tanto, puede parecer ingenuo y contraproducente aumentar las exigencias y sugerir que necesitamos ir más allá del comercio y poner la inversión en el primer lugar de nuestra lista de prioridades. Sin embargo, ¿puede una "ronda de desarrollo" digna de ese nombre ignorar este reto?

En un principio, se tenía la intención de que en la Ronda de Doha se discutiera el tema de la inversión, pero los países en desarrollo decidieron bajar el nivel del debate y concentrarse más bien en la agricultura. Ésta táctica ha resultado ser una navaja de doble filo.

En China, Brasil, Malasia y México la inversión extranjera directa (IED) representa del 8 al 12% de la integración bruta de capital fijo -sin generar deuda. Aunque los países menos desarrollados atraen menos del 3% de las inversiones norte-sur, estos flujos representan más del 3% de su PIB, un nivel mayor que el promedio de los países en desarrollo.

Con la esperanza de estimular la IED, se han multiplicado los tratados bilaterales, pero rara vez conducen a compromisos equilibrados. La competencia entre los países para atraer a los inversionistas es intensa y sólo unos pocos, como China o la India, son capaces de negociar con los países industrializados en condiciones de igualdad. De ahí que los países en desarrollo tengan interés en establecer un diálogo multilateral sobre las condiciones de la inversión para así conseguir ciertas garantías colectivas.