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¿De quién es la reforma económica?

PARÍS – Junto con la consolidación fiscal, el nuevo mantra europeo es la reforma estructural. Las organizaciones internacionales y los organismos de la Unión Europea consideran esa reforma como un requisito esencial para la recuperación económica, el crecimiento y el alivio de la peste del desempleo.

De hecho, el acuerdo alcanzado entre el gobierno griego y la «troika» (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) incluye una lista de reformas detalladas que abarca 48 páginas. No todos los países reciben una lista de tareas tan larga, pero, desde la adopción de la nueva legislación para la UE en 2010, hay recomendaciones específicas para todos. Por ejemplo, las instrucciones para Italia incluyen recomendaciones sobre la eficiencia de la administración pública, la lucha contra la corrupción, la gestión corporativa en el sector bancario, el mercado laboral, la educación, los impuestos, la apertura del sector de servicios, y la infraestructura.

Por cierto, los países europeos necesitan implementar urgentemente reformas profundas. El bajo crecimiento de la productividad y el obstinado desempleo son evidencia de que sus economías requieren una transformación exhaustiva. Pero si bien esta observación proporciona los fundamentos lógicos para la reforma, no brinda una base suficientemente firme para diseñar planes eficaces de recuperación económica.

El diseño de una estrategia de reforma exige solucionar dos problemas. El primero tiene que ver con los propósitos. Las sociedades exitosas son diversas. Algunas son desiguales y otras, igualitarias. Algunas valoran estados de bienestar considerables y otras los desnutren. Algunas dependen de amplios acuerdos colectivos y otras los dejan completamente de lado. Algunas se basan en transacciones impersonales y otras se inclinan por las relaciones reiteradas. Los estudiosos se refieren a las «variedades de capitalismo» para destacar la ausencia de una única receta para el éxito.