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La promesa de la defensa misilística euro-atlántica

BRUSELAS – El nuevo tratado de reducción de armas estratégicas (START, por su sigla en inglés) que el presidente ruso, Dmitry Medvedev, y el presidente norteamericano, Barack Obama, acaban de firmar en Praga es un logro histórico, y una inspiración para un futuro progreso en materia de control de armas a nivel global. Pero, al mismo tiempo, aquí y ahora, también debemos prepararnos para defendernos de otra tendencia, menos alentadora.

La proliferación de armas de destrucción masiva y sus medios de distribución es una amenaza tanto para los aliados de la OTAN como para Rusia. Un análisis de las tendencias actuales demuestra que más de 30 países tienen o están desarrollando capacidades misilísticas. En muchos casos, esos misiles podrían llegar a amenazar las poblaciones y territorios de Europa.

Irán es un buen ejemplo. Ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear, y está desarrollando un programa nuclear que, según dice, persigue exclusivamente fines civiles. Pero Irán ha ido mucho más allá de lo que se necesita para un programa puramente civil. Ha escondido varias instalaciones nucleares de la Agencia Internacional de Energía Atómica, ha jugado a las escondidas con la comunidad internacional y ha rechazado todos los ofrecimientos de cooperación de parte de Estados Unidos, la Unión Europea, entre otros. Más recientemente, el gobierno iraní dio a conocer sus planes de enriquecer uranio a niveles que parecen incompatibles con el uso civil y que desafían varias resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Irán también cuenta con un amplio programa de desarrollo de misiles. Las autoridades iraníes declaran que el rango de sus misiles Shahab-3 modificados es de 2.000 kilómetros, lo que pone al alcance a países aliados como Turquía, Grecia, Rumania y Bulgaria.