La brecha de poder

No debe sorprender que la gira por Europa del presidente Bush haya sido recibida con protestas desde Berlín hasta Roma. Lo sorprendente es que, dadas las diferencias que actualmente están surgiendo entre los EU y sus aliados (la palabra cisma puede no ser inapropiada), los encuentros de Bush con los líderes europeos hayan transcurrido sin ningún problema. Esas diferencias no son sólo sobre Israel, o las tarifas a las importaciones de acero de la UE, o la posibilidad de que los tribunales estadounidenses impongan la pena de muerte a presuntos terroristas que tengan pasaportes europeos, sino que cada vez más encarnan una visión fundamentalmente distinta sobre la manera en la que el mundo debe funcionar.

Durante la Guerra Fría, cuando el Occidente temía un ataque por parte del bloque soviético, los EU y Europa se unieron a través de la OTAN para encarar esa amenaza. Hoy en día, cuando el temor principal en los países occidentales es la inestabilidad internacional y el terrorismo, los aliados de la OTAN están mucho menos unidos en cuanto a la forma de responder.

Esto es en parte una cuestión de diferencias transatlánticas en los niveles de gasto para la defensa y, por lo tanto, en la capacidad militar. Los EU gastan mucho más en defensa que sus aliados europeos y, como resultado, su capacidad militar es distinta, tanto en calidad como en cantidad.

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