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La pobreza del estímulo

PASADENA, CALIFORNIA – La mayoría de los economistas piensan que las disrupciones macroeconómicas, como la recesión actual, se pueden entender en términos de indicadores agregados como el empleo total, el nivel de precios y la oferta monetaria. Pero esta visión es engañosa, particularmente en la situación económica actual. Peor aún, nos conduce erróneamente a políticas económicas contraproducentes.

Como explicó el economista Fischer Black, una economía armoniza los deseos de la población con los recursos y la tecnología de producción disponibles. Cuando una economía opera eficientemente, las expectativas en términos generales se cumplen; los deseos, los recursos y la tecnología de producción están bien equiparados; y la gente está razonablemente satisfecha con sus planes, relaciones y contratos.

Pero si el mundo evoluciona en una dirección marcadamente imprevista, los planes, relaciones y contratos existentes de la gente requieren una revisión. La armonización existente entre deseos, recursos y tecnología de producción se deteriora. Mientras esta revisión ocurre, se desvían recursos de la producción, lo cual es menos eficiente y está menos equiparado con los deseos de los consumidores y resulta en una reducción del valor de producción –una recesión.

Esta “teoría del realineamiento” ayuda a explicar la crisis actual. Desde 2000 hasta 2007, millones de propietarios norteamericanos firmaron contratos hipotecarios para financiar sus hogares. Los títulos respaldados en esos contratos terminaron, en parte, en manos de instituciones financieras. Pero el cumplimiento adecuado de la deuda y, por lo tanto, el desempeño de los títulos, se basaban en expectativas de continuos aumentos en los precios de la vivienda que demostraron ser irrealistas. Cuando los precios de las casas cayeron, también lo hizo el valor de las hipotecas y los títulos respaldados en ellas.