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Los santuarios terroristas de las Filipinas

La presencia de santuarios insurgentes o terroristas en países no beligerantes es uno de los problemas más difíciles y explosivos en las relaciones internacionales. Fue un hecho central en la Guerra de Vietnam, produjo casi la destrucción del Líbano y sigue asolando a la coalición en Irak. También es clave en la actual guerra al terrorismo en el sudeste asiático.

Vietnam difería de Corea y Malasia, donde prevalecieron la contención y la contrainsurgencia, porque los comunistas podían rebasar a las fuerzas aliadas en Vietnam del Sur utilizando el territorio “neutral” de Camboya y Laos. Como con la presencia de la OLP en el Líbano hasta 1982, esta estrategia sumió a los desventurados países huéspedes en la guerra civil y provocó invasiones por parte de potencias más fuertes, lo que a su vez impulsó más movimientos extremistas: el Khmer Rouge, Hezbollá y la Jihad Islámica.

Como los países huéspedes anteriores, las Filipinas es un estado débil, en paz con sus vecinos y Occidente. Sin embargo, desde 1994, sus ingobernables islas del sur han reemplazado a Afganistán como el principal lugar de entrenamiento y refugio de los fanáticos de la jihad del sudeste asiático. La mayoría son indonesios que pertenecen a Jemaah Islamiyah (JI), Mujahidin Kompak, y otras facciones del Darul Islam.

Por ejemplo, los egresados de los campos terroristas de Mindanao ahora rivalizan en cantidad con la generación más antigua de alumnos afganos procedentes del sudeste asiático, que forjaron vínculos con al-Qaeda. Los veteranos de los campos de Mindanao participaron en casi todos los ataques con bombas relacionados con la JI desde el 2000, incluido el ataque que mató a cientos de personas en Bali en el 2002. Las nuevas legiones ahora representan un peligro para los años venideros.