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Los peligros del historicismo financiero

Toda crisis financiera es inherentemente impredecible, antes de que ocurra y a medida que va sucediendo. Los contables examinan sus libros, los participantes narran sus versiones a los periódicos (o algunas veces ante un juez), los políticos explican por qué están arreglando el lío y al final los historiadores arman una historia.

Puesto que el pasado se puede conocer, la mejor manera de comprender una crisis es buscar un modelo en las experiencias pasadas, incluso aquellas que hace mucho son historia. ¿Pero cuál es el filtro adecuado?

A menudo la opción depende menos de la evaluación racional de las similitudes y diferencias que en intuiciones, proclividades al optimismo o al pesimismo, o la orientación política. En la actualidad, dos fechas están circulando ampliamente: 1907 y 1931.

Al comienzo de la actual escasez del crédito, muchas personas con perspectiva histórica escogieron el año 1907 como el precedente clave. No sólo corresponde a justo un siglo atrás, sino que también parecía un paralelo atractivo. La crisis de 1907 tuvo un efecto devastador inmediato, causando una depresión económica masiva pero corta, y terminó solucionándose con facilidad.