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El proceso de paz y la “primavera árabe”

DENVER – La intención del discurso del Presidente Barack Obama sobre los actuales levantamientos populares en Oriente Medio, al que siguió la reciente visita del Primer Ministro israelí, Binyamin Netanyahu, a Washington, era la de iniciar un nuevo intento de reactivar el proceso de paz palestino-israelí. Las cosas no están saliendo como se previeron.

Al contrario, Netanyahu aprovechó la oportunidad que le brindó el discurso de Obama para subrayar su bien conocida oposición a una solución con dos Estados, basada en el regreso a las fronteras anteriores a 1967. Optó por no abordar la cuestión de la utilización de dichas fronteras como punto de partida para las negociaciones ni la idea de Obama del canje de tierras (un elemento muy común de las negociaciones internacionales de paz) como medio para llegar desde dicho punto de partida al final.

La respuesta de Netanyahu a la iniciativa de Obama señaló lo que ha quedado patente desde hace cierto tiempo: el complejo proceso regional conocido como la “primavera árabe” y las vísperas de un año de elecciones presidenciales en los EE.UU., son circunstancias difíciles en las que intentar reanudar el proceso de paz. Como indicaron las declaraciones de Netanyahu, los israelíes tienen profundas preocupaciones: si la ecuación fundamental sigue siendo, al fin y al cabo, “tierras por paz”, ¿quiénes serán exactamente sus interlocutores después de que se haya posado el polvo en el mundo árabe?

Este momento de agitación es una ocasión apropiada para formular algunas preguntas fundamentales sobre el propio proceso de paz, cuya dilatación en el tiempo está empezando a abarcar la entera vida de algunos de los que participaron en él.