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La lucha por la supremacía en Palestina

La reocupación por parte de Israel de ciudades y pueblos palestinos es la culminación de un patrón predecible. La disposición de Estados Unidos para aceptar las afirmaciones de Ariel Sharon en el sentido de que esa reocupación es una parte aceptable de su "guerra contra el terrorismo" fue no sólo sorprendente, sino equivocada y peligrosa. Al contribuir a la deslegitimación de Yaser Arafat y al aceptar la aseveración del primer ministro Sharon de que la reocupación israelí es en "defensa propia", la política estadounidense amenaza con debilitar la claridad moral y la credibilidad de su país a los ojos del mundo. Las consecuencias para Medio Oriente y más allá podrían ser mortales.

Dieciocho meses de violentos enfrentamientos entre israelíes y palestinos han puesto en marcha una nueva dinámica que sigue un patrón predecible y que enfrasca a ambos bandos en una espiral de violencia que llevará a un gran enfrentamiento final. Ahora parece dudoso que esa dinámica pueda detenerse. La misión del Secretario de Estado Colin Powell en abril estuvo condenada al fracaso porque la política estadounidense no revirtió, o abordó siquiera, las causas del deterioro.

Del lado palestino, la intifada actual creó una nueva guardia que desprecia a la vieja guardia que representan Yaser Arafat y la Autoridad Palestina. A diferencia de los miembros de la vieja guardia, quienes pasaron gran parte de sus vidas fuera de Cisjordania y la franja de Gaza, la nueva guardia es producto de la sociedad palestina interna.

No sólo son más jóvenes, sino que están mejor educados que los viejos líderes y están convencidos de que pueden lidiar mejor con Israel. Mientras que los dos grupos comparten la visión de una solución de dos Estados al conflicto palestino-israelí, la nueva guardia tiende a rechazar cualquier regreso a los canales de negociación previos. Afirman que sólo sirvieron para consolidar el dominio de la vieja guardia sobre la política palestina.