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La otra revolución palestina

La euforia con la que durante una semana se recibió la elección de Mahmoud Abbas como Presidente de la Autoridad Palestina tal vez estuviera justificada, pero ya es hora de una evaluación objetiva de lo que tienen enfrente los palestinos, los israelíes y –lo que tal vez sea más importante- el mundo árabe, en sentido más amplio.

Dicha evaluación requiere el reconocimiento de que la elección distó de ser impecable: Hamas y Yihad Islámica boicotearon la votación y Marwan Barghouti, camarada de Abbas en Al Fatah y único candidato que podría haber sido una verdadera amenaza para él, fue persuadido contundentemente por la dirección del movimiento para que retirara su candidatura a fin de presentar un frente unido.

Además, Abbas (también conocido como Abu Mazen) consiguió hacerse con el control de la docena, más o menos, de servicios de seguridad y milicias palestinos, lo que garantizó su victoria, aunque los desfiles de hombres armados blandiendo metralletas en sus mítines no fueron precisamente lo que exigen las normas democráticas.

Aun así, tras decenios de gobierno autocrático de Yaser Arafat y pese a las evidentes limitaciones que entraña la ocupación israelí, los palestinos eligieron efectivamente a un dirigente en unas elecciones relativamente libres y competitivas. Durante años, Arafat eludió la celebración de elecciones, como exigían las leyes de la Autoridad Palestina, con el pretexto de que no se podían celebrar bajo la ocupación, pero, ¡oh, maravilla!, dos meses después de su fallecimiento, se celebraron unas elecciones... y con un rotundo éxito.