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La otra mitad del proceso de paz

PRINCETON – Los funcionarios norteamericanos suelen invertir una enorme dosis de energía en destacar el “proceso” en el “proceso de paz” de Oriente Medio. Recién en los últimos 18 meses de un segundo mandato presidencial o después de un compromiso militar en Oriente Medio Estados Unidos empieza a preocuparse realmente por la “paz”.

Este patrón parece ser válido para la conferencia de paz de Oriente Medio patrocinada por Estados Unidos que se llevará a cabo la semana próxima en Annapolis, Maryland. Hoy hay algo distinto y es que, a diferencia de la Conferencia de Madrid después de la Guerra del Golfo liderada por Estados Unidos en 1991, el esfuerzo actual se produce después de una percibida derrota norteamericana en Irak.

Suponiendo que la administración Bush es seria en sus esfuerzos actuales, Estados Unidos debe tener un plan B en caso de que fracasen las conversaciones. Para los palestinos, la principal preocupación es evitar las repercusiones negativas en caso de que efectivamente fracasen. A diferencia del ex presidente Bill Clinton, que culpó a Yasser Arafat por el fracaso de las conversaciones de Camp David en 2000, la administración Bush debe cumplir con su compromiso de no señalar con el dedo o permitir que cualquiera de los bandos utilice el fracaso para fomentar sus objetivos estratégicos.

Los negociadores palestinos siempre tuvieron que equilibrar tres cuestiones: derechos históricos, realidades actuales y el precio de usar su poder de veto. Para los palestinos, las palabras clave para los derechos históricos –liberar la tierra palestina, asegurar el derecho de regreso de los refugiados e insistir en un estado verdaderamente independiente- son “legitimidad internacional”. Tanto para la OLP como para Hamas, esto se refiere a varias resoluciones de las Naciones Unidas y a la opinión pública internacional, que equivalieron a poco más que falsas alabanzas de parte de las potencias occidentales y los líderes árabes e islámicos, cuyos pronunciamientos plantean falsas esperanzas, tentando a los negociadores palestinos a endurecer sus posturas.