Lo viejo del nuevo antisemitismo

¿Por qué tantos sobrevivientes del Holocausto sienten el nacimiento de nuevas amenazas antijudías antes de verlas? Porque saben cómo una insinuación supuestamente »inocente" crece hasta ser una acusación y que las acusaciones se pueden convertir en discriminación y poco después en legislación. Es entonces cuando se suelta la histeria. Los sobrevivientes suenan las alarmas porque saben qué es lo que está en juego. Al hacerlo, fortalecen nuestras democracias en formas que otras personas no pueden. Escuchamos a los sobrevivientes para sobrevivir.

Como lo demuestran los resultados de la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas, tenemos razones para escuchar. Sin embargo, no sólo los demagogos como Jean-Marie Le-Pen y el resto del lumpen de la extrema derecha de Europa incitan a los problemas.

A lo largo del siglo XX, gente que se consideraba a sí misma como »intelectuales" con frecuencia se convirtieron en compañeros de viaje del fascismo o del comunismo sin ingresar a los partidos políticos basados en esas ideologías. En el siglo XXI, entre las gentes ligadas a los medios masivos de comunicación, a la política, al gobierno y a las universidades encontramos a algunas que condenan a Israel con un lenguaje que nos recuerda a los compañeros de viaje de esos movimientos antidemocráticos fallidos. Estas no son las voces de la mayoría en el mundo occidental (afortunadamente, todavía no), pero son voces de minorías poderosas e influyentes.

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