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Rompiendo con los viejos hábitos

NEW HAVEN – Nunca iba a  ser fácil, pero los bancos centrales de las dos economías más grandes del mundo -Estados Unidos y China- finalmente parecen estar embarcándose en un sendero que lleva a una normalización de las políticas. Los mercados financieros, adictos a una tensión de final abierto de súper política monetaria acomodaticia que se estableció en lo más profundo de la Gran Crisis de 2008-2009, hoy están tomando bocanadas de aire para respirar. Irónicamente, dado que la tracción de las políticas no convencionales siempre ha sido limitada, los efectos secundarios en las economías reales probablemente sean débiles.

La Reserva Federal y el Banco Popular Chino (PBOC por su sigla en inglés) están en el mismo sendero, pero por diferentes razones. Para el presidente de la Fed, Ben Bernanke, y sus colegas, parece reinar una sensación cada vez más fuerte de que la emergencia económica pasó, lo que implica que una acción extraordinaria -específicamente, una política de tasa cero y casi una cuadruplicación de su balance- ya no es apropiada. En cambio, la estrategia del PBOC es más preventiva -intenta garantizar la estabilidad reduciendo el apalancamiento excesivo, que durante mucho tiempo apuntaló el costado real de una economía china cada vez más dependiente del crédito.

Ambas acciones son correctas y necesarias desde hace mucho tiempo. Si bien la primera ronda de flexibilización cuantitativa de la Fed ayudó a poner fin a la turbulencia de los mercados financieros que ocurrió en el momento de mayor intensidad de la crisis reciente, dos rondas subsiguientes -entre ellas el actual QE3 de final abierto- poco hicieron para aliviar la presión persistente sobre los consumidores norteamericanos con altos grados de pasivos. De hecho, la deuda del sector de los hogares sigue por encima del 110% del ingreso personal disponible y la tasa de ahorro personal sigue debajo del 3%, comparado con las normas de 75% y 7,9% respectivamente que prevalecían en las últimas tres décadas del siglo XX.

En un momento en que los consumidores norteamericanos responden resguardándose como nunca antes,  la demanda de los consumidores ajustada por inflación se mantuvo estancada en una trayectoria anémica de crecimiento anualizado de 0,9% desde comienzos de 2008, manteniendo la economía de Estados Unidos sumida en una recuperación decididamente inferior a lo esperado. Al no poder facilitar la reparación de los balances o estimular la actividad económica real, el QE, por el contrario, se convirtió en una fuente peligrosa de inestabilidad en los mercados financieros globales.