0

La normalización de Al Fatah

RAMALLAH – Al Fatah, el principal movimiento guerrillero al interior de la Organización de Liberación Palestina, ha dado un paso más para convertirse en un partido político normal. Acaba de concluir su sexto Congreso, realizado por primera vez en los territorios ocupados, lo que significa que ex guerrilleros del Líbano y Jordania recibieron permiso para entrar por Israel. Parece ser que la conferencia tuvo éxito en reunir y reforzar el movimiento, que ha sufrido problemas desde la muerte de su fundador y líder por largos años, Yasser Arafat.

Más de 2000 delegados, representando ex fedayyin (guerrilleros) y activistas de la intifada de Al Fatah, votaron a favor de la continuidad de todas las formas de resistencia por la liberación de Palestina. Sin embargo, el término "resistencia armada" estuvo ausente de todos los documentos aprobados en la conferencia. Mahmoud Abbas -elegido por unanimidad como líder y comandante en jefe de Al Fatah- dejó claro, que si bien siguen abiertas todas las opciones para poner fin a la ocupación, todavía se da preferencia a las negociaciones. Si bien algunos (como el ministro de defensa israelí Ehud Barak) se tomaron en serio la retórica de resistencia de algunos delegados, el vocero Nabil Amr aseguró oficialmente a todos quienes sienten inquietud por el tema que al Fatah está comprometida con una "solución pacífica del conflicto palestino-israelí".

Toda organización que no posea mecanismos democráticos de cambio y renovación tiende a volverse obsoleta, monótona, e ineficaz. Esta falta de renovación quedó en evidencia en los últimos años, cuando Al Fatah perdió primero las elecciones legislativas en 2006 ante Hamas, y luego su presencia en la Franja de Gaza.

Hubo muchas señales de que Al Fatah está dando pasos para convertirse en un partido político normal. Los trajes color caqui y la parafernalia militarista quedaron en el pasado y han sido reemplazadas por trajes de negocios y tarjetas de identificación adecuadas para los delegados a la conferencia. Las decisiones a puertas cerradas y las órdenes verticalistas dieron paso a una apertura democrática en que todos podían manifestarse, lo que abrió espacio a líderes más jóvenes y populares en sus localidades. El consejo revolucionario, ampliado a 100 miembros, tenía reservadas 20 bancas para quienes hubieran estado prisioneros en cárceles israelíes. Un líder de la intifada que había sido encarcelado, Marwan Barghouti, fue uno de los nuevos líderes electos con mayor cantidad de votos para el comité central, el órgano ejecutivo del movimiento.