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El nuevo Estado del bienestar

Una economía de mercado es eficiente, pero no es justa. Como los salarios van determinados por la ley de la escasez, hay personas que no pueden ganar dinero suficiente para llevar una vida decorosa.

En la Europa occidental, el Estado del bienestar ayuda a esas personas. Garantiza un mínimo de subsistencia sociocultural pagando rentas de substitución en forma de ayuda social, prestaciones por desempleo o por jubilación anticipada. Si el mercado no brinda a alguien unos ingresos suficientes por su trabajo, el Estado le brindará unos ingresos sin exigirle que trabaje.

Pero, pese a lo humanitaria que esa política va encaminada a ser, es la responsable en gran medida del desempleo en gran escala que padece Europa. La razón es sencilla. Las rentas de substitución son salarios por no hacer nada. Crean "salarios de reserva" o exigencias de salario mínimo contra la economía privada que los empleadores están cada vez menos dispuestos a satisfacer o menos en condiciones de hacerlo.

Los empleadores no son altruistas. Emplean a un trabajador sólo si hay un excedente de su contribución sobre su costo y si dicho excedente no es inferior al que podría generar un trabajador rival o un robot. Y los trabajadores no son estúpidos. Aceptan un puesto de trabajo sólo si ganan más que las rentas de substitución públicas. Así, los trabajadores que no son lo bastante productivos para justificar un salario por encima de los ingresos de substitución están destinados a quedar desempleados.